El valor de los servicios funerarios en tiempos de crisis

Asistimos a una época sin precedentes cercanos, a unos hechos de tal magnitud que no somos capaces de asimilarlos en el día a día. Paradójicamente, en este siglo XXI en el que todo iba tan rápido y las distancias eran tan cortas, una gran parte de la sociedad nos encontramos de pronto recluidos en casa por nuestra seguridad y la de los demás, mientras otra parte de la humanidad sale a trabajar y lucha contra el virus de forma titánica. Todos somos importantes, pero esos trabajadores en “primera línea” son imprescindibles: personal sanitario, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, agricultores, transportistas, empleados en supermercados… y empleados de funerarias. A éstos últimos dedicamos hoy este artículo, por los vínculos que en Asociación Europea tenemos con ellos y porque son muchas veces la cara “invisible” de todas las crisis humanitarias.

Misma protección que los sanitarios

Los empleados de las funerarias son los encargados de recoger los cadáveres de las personas fallecidas por coronavirus. No está demostrado que el SARS-CoV-2 se transmita a través del manejo de personas fallecidas con dicha enfermedad, pero en aplicación del principio de precaución, se considera que esos cadáveres pueden suponer un riesgo de infección para las personas que los trasladan. Por eso, Sanidad ha equiparado al personal funerario con el personal sanitario, lo que implica que han de ir igual de protegidos al realizar su trabajo, con mascarillas de seguridad homologadas, gafas protectoras, monos de seguridad, varios pares de guantes…

Cuando llegan al hospital, residencia de ancianos o vivienda, los empleados funerarios deben introducir el cadáver en una bolsa sanitaria estanca biodegradable o una bolsa impermeable específica para ese fin y rociarla con un desinfectante de uso hospitalario. Por último, pueden colocar el cadáver en el féretro, ya sin riesgo.

Es decir, su trabajo conlleva hoy en día unos riesgos especiales ante los que han de estar debidamente protegidos.

Más soledad y tristeza

Si el trabajo realizado por el personal funerario siempre es triste, estos días es más triste y solitario que nunca. La nueva normativa aprobada por el Gobierno limita el acompañamiento para el entierro o cremación de la persona fallecida a un máximo de tres familiares o allegados, además de la persona que oficia el rito funerario. Y dichas personas habrán de mantener la distancia de seguridad entre ellas. Todo eso hace que el necesario rito de la despedida de un ser querido sea aún más triste y doloroso, y los empleados funerarios lo viven en primera persona, con unos enterramientos y incineraciones más fríos y distantes.

De hecho, a veces, no acude nadie al entierro o incineración. Ellos realizan su trabajo en solitario y los familiares o allegados prefieren esperar a que pase la pandemia para ir a despedirse de su ser querido.

Trámites administrativos

Las empresa funerarias también son las encargadas de realizar los trámites administrativos que conlleva un fallecimiento: inscripción de la defunción, licencia de enterramiento… Durante la vigencia del estado de alarma, ante el cierre de las oficinas de la Seguridad Social, todas las gestiones se realizan de forma telemática.
Esto libera a los familiares de la realización de unos trámites que siempre son dolorosos y complicados y que, hoy en día, son aún más difíciles de realizar.

Por tanto, como comentamos al principio, el trabajo de los servicios funerarios en tiempos de crisis es realmente imprescindible, como el de otros trabajos esenciales. Por eso hemos querido resaltarlo, para que dejen de ser la cara “invisible” de esta crisis sanitaria.

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